domingo, 27 de abril de 2008

ORO LIQUIDO BAJO TIERRA

Esta fotografía pertenece a una de mis últimas incursiones en el inframundo subterráneo.Concretamente la cueva del lago de Ayora. Adentrarse en una caverna es una experiencia difícil de explicar si no se ha vivido nunca. La absoluta soledad, la intensidad del silencio y la densidad de la oscuridad te hacen sentir que no perteneces a ese mundo, que estas violando una especie de santuario reservado para otras criaturas y mitos. Pero pese a que te embargue esa sensación de extrañeza, cuando atraviesas los dominios de la noche eterna,  la luz silbante de la llama de nuestro carburero nos desvela un mundo de belleza casi surrealista. Enormes columnas y coladas parecen sostener a modo de columnas góticas las enormes bóvedas de las salas de estas  catedrales subterráneas. Constelaciones de estalactitas dibujan el firmanento y en el suelo como reflejadas por un espejo les dan la réplica bosques de estalagmitas que parecen enormes cirios elevando sus plegarias hacia el cielo. Todo el complejo se completa con la belleza de esa especie de pilas bautismales que reciben el nombre de Gours. En el caso de esta bella sala pone el broche de oro el color turquesa de este pequeño lago. Así de sobrecogedora es la belleza que la naturaleza nos regala en este palacio que moran los murciélagos.

  La primera vez que visité esta maravilla fue hace practicaménte nueve años. En esta nueva visita me lleve una desagradable sorpresa. El nivel del lago había descendido alarmantemente varios metros. En su lenguaje la naturaleza nos manda un mensaje claro, la sequía no es ninguna broma y hay de nosotros como nos hagamos una gestión responsable del combustible de nuestra vida, de ese tesoro líquido que es el agua.

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